La Suprema Corte de Justicia de México ha dictado la liberación de Juana Hilda González, quien pasó casi 20 años en prisión por un caso que ha sido señalado como una grave fabricación judicial. Su caso, conocido como el “Caso Wallace”, deja en evidencia las profundas fallas y la corrupción dentro del sistema de justicia mexicano.

Desde el inicio del proceso judicial, se presentaron pruebas que posteriormente se demostraron falsas. Expertos en derechos humanos han denunciado que la fiscalía utilizó testimonios poco confiables y evidencias manipuladas para construir un caso en su contra. A pesar de las irregularidades, Juana Hilda fue condenada, lo que refleja un patrón preocupante de injusticia en el país.

La orden de liberación no solo es un alivio para Juana Hilda y su familia, sino también un llamado de atención sobre la necesidad de reformar un sistema que ha permitido que la corrupción y el abuso de poder prevalezcan. Durante casi dos décadas, Juana Hilda luchó por su inocencia, enfrentándose a un estructura judicial que parecía decidido a mantenerla tras las rejas sin fundamento.

Este caso ha reabierto el debate sobre la credibilidad de las instituciones encargadas de impartir justicia en México. La liberación de Juana Hilda González es un paso hacia la reparación de una injusticia, pero también un recordatorio de que aún queda mucho por hacer para asegurar que el sistema sea realmente justo y transparente para todos.

Por: Dalay Gómez