La reciente elección de Jueces, Magistrados y Ministros ha sido calificada por el Gobierno como un “hecho histórico”. Y lo fue, pero no por las razones que presumen. Lo histórico no fue la participación ciudadana, sino el desinterés, el rechazo y el hartazgo que se expresaron en las urnas: el 23% de los votos fueron nulos o en blanco, superando ampliamente a cualquier candidato ya todas las cifras de abstención o anulación de elecciones pasadas.
Xalapa, Ver. - Nunca antes el repudio a través del voto había ganado con tal contundencia: ningún aspirante superó ni siquiera el 5%, mientras los votos en blanco o intencionalmente anulados arrasaron con un 23%.
Para ponerlo en perspectiva, este nivel de voto nulo supera por mucho al 5.40% de 2009, al 3.40% de 2021, al 1.69% de la revocación de mandato de 2022 y al 2.32% de la elección presidencial de 2024.
El Gobierno celebró una participación de 13 millones de personas. Pero si restamos ese 23% que expresó rechazo en su boleta, la participación real se reduce a cerca de 10 millones. En un país con más de 100 millones de votantes, eso representa apenas el 10%. Irónicamente, esta mínima fracción del electorado, exponen la brecha entre el discurso democrático y la realidad: una minoría impone cambios estructurales. El oficialismo, ha logrado su verdadero objetivo: debilitar al Poder Judicial.
Lo que vivimos el Domingo 1 de Junio no fue una fiesta democrática, fue una operación política. El mérito no fue convocar a las mayorías, sino colocar a los suyos con una participación mínima.
La presidenta Sheinbaum hablaba de 36 millones de votos, luego esperaban 20 millones, después bajaron a 16 como en la revocación, y al final se conformaron con 13 millones. “Es mucho mejor que 128 senadores”, justificó. Pero no es más democracia, es más control.
Esta elección no fue una muestra de soberanía popular, sino una simulación vestida de legitimidad. La apatía generalizada fue una forma de resistencia. Los ciudadanos respondieron, pero no como esperaban: lo hicieron con silencio, con votos nulos y boletas en blanco. ¿A eso le llaman victoria?
Cuando el Gobierno celebra una elección donde el rechazo fue mayoritario, no está festejando la democracia, está confirmando el control.
Por: Adrián Hernández















